El catecismo en historias

Descubra, a través de una serie de 25 breves lecturas, los fundamentos del catecismo y los grandes pilares de nuestra hermosa religión. Están dirigidas a quienes se preguntan de dónde vienen y hacia dónde van, a quienes se sienten insatisfechos o infelices, en busca de apoyos firmes y de un faro de Verdad que ilumine su vida.

Pensadas tanto para adolescentes como para adultos, estas charlas desean dar a conocer la fe cristiana con un lenguaje accesible y ofrecer respuestas concretas a las preguntas que cada uno lleva en lo más profundo de su corazón. También podrán servir de apoyo a los padres que desean instruir a sus hijos, aun cuando ellos mismos hayan recibido una formación fragmentaria o lejana.

Cada lectura propone una breve enseñanza, enriquecida con anécdotas significativas, para suscitar la oración, la reflexión y el diálogo en familia o entre amigos. Ya sea que usted esté comenzando en la fe, desee profundizar sus conocimientos o simplemente tenga curiosidad, este recorrido quiere ser un punto de apoyo para no permanecer en el vacío, sino avanzar por el camino luminoso de Jesucristo, quien dijo: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida».

Introducción – Importancia de conocer la propia religión

En este tiempo en que la religión de Cristo se ve atacada por mil embates y las peores calumnias, una buena manera de defenderla es iluminar las inteligencias. En efecto, el hombre que sabe, si posee rectitud de corazón, pronto se convierte en un hombre que cree.

Desde hace muchos años, la mayoría de los padres, ignorando ellos mismos los fundamentos de la fe, no perciben ni el interés ni la necesidad de dar instrucción religiosa a sus hijos. «El niño, cuando sea adulto, elegirá los principios que más le convengan», dicen imprudentemente. Proteger y cultivar la vida del alma del niño es el primer deber del padre y de la madre, pues está en juego la salvación eterna o la condenación irrevocable de su hijo. Padres y madres, deberán rendir cuentas a Dios, su Creador, su Señor y su Juez, de sus propias almas y de las almas de los hijos que Dios les ha confiado. Si vieran a unos padres no dar ningún alimento a su hijo, o dejarlo alimentarse de desechos y sustancias nocivas, repitiendo que el niño elegirá lo que le conviene a su debido tiempo, ¿no es cierto que se apresurarían a denunciar a esos criminales ante la justicia? La vida del alma es infinitamente superior a la vida del cuerpo. ¿Pensamos en ello?...


Rogamos a la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, que los guíe y haga este estudio dulce y atractivo. Que Ella forme su corazón y disponga su espíritu para acoger bien la gracia y las luces de Dios.

Para ser un excelente abogado

El célebre Presidente de la República del Ecuador, Gabriel García Moreno (1821-1875), asistía a veces a los exámenes de la Universidad para juzgar por sí mismo el talento de los futuros funcionarios del Estado.

Un día, en una gran sala impregnada de la solemnidad de los momentos importantes, un estudiante de derecho presenta brillantemente su doctorado. Los profesores están satisfechos y la asamblea, impresionada.

El Presidente se levanta entonces, se acerca al joven laureado y lo felicita calurosamente:

«Señor, acaba usted de darnos una prueba brillante de sus excelentes conocimientos en derecho. ¿Es usted igualmente competente en el catecismo? Porque, verá, un jurista debe ante todo conocer la ley de Dios».

Luego, con esa serena gravedad que impone respeto, le formula algunas preguntas sencillas sobre la religión. El joven doctor, desconcertado, se queda sin palabras. No sabe responder a ninguna de ellas.

«Señor –añade entonces el Presidente–, le aconsejo retirarse durante algunos días con los Capuchinos para reaprender su catecismo. Le será de gran utilidad».

Y García Moreno, fiel a sus convicciones, le prohíbe ejercer como abogado mientras no posea esta ciencia esencial, la que ilumina todo y da sentido a la justicia humana.