Todos los Santos han empleado y recomendado la «Lectio Divina - Lectura Divina» como un poderoso medio de santificación. San Francisco de Sales llamaba a la lectura espiritual «alimento del alma» o «aceite que se pone en la lámpara del amor divino para que nunca se apague».
Para que la lectura sea fructífera, debemos rogar al Espíritu Santo que ilumine nuestra mente y disponga nuestro corazón para poner en práctica las luces que recibimos a través de la lectura.