«Por amor a ti, he venido a vivir a la tierra. - Y tú... ¿Me amas? ¿Qué haces para demostrármelo?...»
Oh dulce Jesús, Verbo Eterno hecho carne, Os agradezco por haberos encarnado, por haber asumido la naturaleza humana para resucitarla y restaurarla. Porque si Vos manifestasteis Vuestro poder en la creación, es toda la ternura de Vuestra misericordia la que desplegáis para la redención de la humanidad caída. Os convertís en hombre, sujeto a las debilidades. Os convertís en nuestro hermano para llevarnos de vuelta a nuestro Padre. Sólo Vuestro infinito Amor podría haberos inspirado a tales locuras amorosas.
Niñito Jesús, ¿cómo puedo hacerme digno de tal prodigio de amor y abajamiento? Yo, vil pecador, intento elevarme por encima de todo mientras Vos Os aniquiláis hasta ocupar el último lugar. Está hecho, Dios mío, quiero seguiros en el camino de Vuestras abajamientos aceptando con amor todas las ocasiones en que este último lugar me sea presentado por Vuestra Providencia. Amén.
Invocación
Divino Niño Jesús, que para la salvación del mundo habéis querido nacer en un establo y acostaros en un pesebre sobre un poco de paja: tened piedad de mí.
María y José, rogad al Niño Jesús por mí.
Gloria al Padre…
Oh dulce Jesús, Verbo Eterno hecho carne, Os agradezco por haberos hecho débil por mi amor. Vos, el Dios fuerte, quisiste sentir toda la fragilidad de nuestra naturaleza humana. Vos dormís en el establo, lloráis, tenéis frío. Experimentáis todas nuestras dolencias, no sólo en Belén, sino a lo largo de toda Vuestra vida; cambiarán con la edad, pero seguirán siendo Vuestras compañeras inseparables hasta la muerte.
Divino Niño de Belén, la eternidad no me bastará para agradeceros que hayáis tomado sobre Vos todas las debilidades humanas. Al hacerlo, me habéis abierto el camino. Me habéis mostrado que, a pesar de mis propios fallos, puedo alcanzar la santidad que Vos esperáis de mí. Vuestro ejemplo me enseña: estoy aprendiendo a desconfiar de mí mismo y de mi propia impotencia, y a confiar sólo en la ayuda de Aquel que me fortalece y en quien puedo hacerlo todo. Concededme, oh Jesús, la gracia de ser muy pequeño a mis propios ojos y de poner mi confianza sólo en Vos. Amén.
Invocación
Divino Niño Jesús, que para la salvación del mundo habéis querido nacer en un establo y acostaros en un pesebre sobre un poco de paja: tened piedad de mí.
María y José, rogad al Niño Jesús por mí.
Gloria al Padre…
Oh dulce Jesús, Verbo Eterno hecho carne, Os agradezco por haber abrazado la pobreza con todas sus consecuencias por amor a los hombres. Bajáis del cielo para descansar sobre un poco de paja. Vos cambiáis la compañía de los Ángeles por la de dos animales. Vos que incendiáis a los Serafines, tembláis de frío.
Vos que sostenéis los cielos, hay que llevaros en brazos. Vos que dais el alimento a todo lo que respira, un poco de leche es necesaria para sostener Vuestra vida. Vos, que hacéis felices a los Santos, lloráis. Oh, Dios mío, dejad que Vuestros ejemplos me prediquen. En ellos descubro la belleza de la verdadera pobreza, que consiste en despreciar todo lo perecedero para saborear sólo lo eterno.
Oh pequeño Jesús, verdadero Pobre de Belén, quiero renunciar a todo para encontraros. Despegad mi corazón de la tierra por todos los medios que juzguéis buenos, pues quiero que seáis el único tesoro de mi alma aquí abajo. Jesús, Sabiduría Eterna, sé verdaderamente mi Dios y mi Todo. Amén.
Invocación
Divino Niño Jesús, que para la salvación del mundo habéis querido nacer en un establo y acostaros en un pesebre sobre un poco de paja: tened piedad de mí.
María y José, rogad al Niño Jesús por mí.
Gloria al Padre…
Oh dulce Jesús, Verbo Eterno hecho carne, Os agradezco por haber reparado la desobediencia del hombre con el poder de Vuestra humildad. Sin valeros de Vuestra igualdad con Dios, pasasteis del trono de Vuestra gloria al abajamiento de un pobre pesebre. Os convertisteis en un extraño para este mundo que ibais a redimir. ¡Qué lección dais a nuestros corazones ávidos de vana gloria!
¡Oh, Niño divino! Es por Vuestra humildad que queréis ser reconocido. Sus ejemplos hacen que el desprecio y la humillación sean amables e infinitamente preciosos. Mi deber y mi riqueza es amarlos, como Vos los habéis amado. Si Os hubiera amado, la humillación me habría parecido dulce y agradable. Pero como Vos prometéis el perdón al corazón contrito, me arrepiento de mi vida tan opuesta a la Vuestra. Quiero corregirme, y por las humillaciones de Vuestra cuna, prometo sufrir en paz todos los desprecios, humillaciones y rechazos que Vos queráis que sufra. Amén.
Invocación
Divino Niño Jesús, que para la salvación del mundo habéis querido nacer en un establo y acostaros en un pesebre sobre un poco de paja: tened piedad de mí.
María y José, rogad al Niño Jesús por mí.
Gloria al Padre…
Oh, dulce Jesús, Verbo Eterno hecho carne, Os agradezco que Vos, el Rey de los reyes, Os rebajéis tanto como para convertiros en un esclavo. Por esta maravilla de Vuestro amor, nos habéis liberado del yugo del diablo. Le habéis arruinado el imperio al confundir el espíritu de insubordinación que es su fundamento. A la soberbia y a la desobediencia Vos habéis opuesto la más profunda humildad y la más completa sumisión, haciéndoos el servidor de todos.
¡Oh, Monarca del mundo, convertido en esclavo por mí! Me llena de confusión pensar en Vuestra cuna, monumento eterno de Vuestras abominaciones. Me sonrojo al pensar en mi orgullo, al recordar mis locuras e ingratitudes. Reconozco mi culpa y me arrepiento de ella. Vuestros méritos infinitos, oh Salvador mío, animan mi esperanza. Espero mi perdón de esa bondad inagotable que no Os permite despreciar un corazón contrito y humillado. Toma las cadenas de Vuestro amor, ponedlas en mis pies y en mis manos; que nunca las rompa ni haga ningún movimiento contrario a Vuestra Voluntad. Amén.
Invocación
Divino Niño Jesús, que para la salvación del mundo habéis querido nacer en un establo y acostaros en un pesebre sobre un poco de paja: tened piedad de mí.
María y José, rogad al Niño Jesús por mí.
Gloria al Padre…
Oh dulce Jesús, Verbo Eterno hecho carne, Os agradezco por haber estado dispuesto a encarnarse para sufrir. Vos podríais redimirnos sin sufrimiento, pero lo que convenía a Vuestra Justicia no convenía a Vuestro inmenso amor. Infinitamente feliz con Vuestro Padre, Os convertisteis en un hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento. Habéis abrazado desde la cuna todos los dolores y dificultades de nuestro exilio. Vos fuisteis el primero en beber el remedio que debía curar nuestras almas enfermas por el pecado.
Divino Niño, el corazón que ama desea compartir todo con el amado. Os protesto, pues, que quiero ser Vuestro discípulo, tomar cada día mi cruz en pos de Vos. Prefiero el sufrimiento cerca de Vos que los placeres lejos de Vos. Y si a veces mi alma se doblega ante el dolor, sacará fuerza, valor y paz de Vuestro ejemplo. Niñito Jesús de la cuna, acepto sufrir y ser despreciado para parecerme a Vos. Amén.
Invocación
Divino Niño Jesús, que para la salvación del mundo habéis querido nacer en un establo y acostaros en un pesebre sobre un poco de paja: tened piedad de mí.
María y José, rogad al Niño Jesús por mí.
Gloria al Padre…
Oh dulce Jesús, Verbo Eterno hecho carne, Os agradezco por haber traído la salvación al mundo revistiéndoos de la culpa del pecado. Os veo en Vuestro pobre establo, condenado a todos los sufrimientos debidos a los pecadores.
Contemplando la abyección a la que Os ha reducido Vuestro amor por mí, reconozco mi culpa ante Vos y ante los hombres. Me asusta el número y la gravedad de mis faltas, y mi impotencia para pagarlas. Por eso, oh Santo Niño Jesús, pedid a Vuestra divina Madre que me tome en Sus brazos y me ofrezca con Vos al Padre Eterno. Habéis pagado por mí. Interceded por mí. Habéis hecho mi penitencia. Por eso habéis sufrido, por eso habéis llevado la cruz. Quiero enmendar mi error aceptando cada una de Vuestras intervenciones purificadoras conmigo.
Oh Jesús, Redentor del mundo, y muchas veces Redentor de mi alma, me rindo, me habéis amado demasiado. Hacedme prisionero de Vuestro amor para que hasta mi último aliento Os ame aún más de lo que Os he ofendido. Amén.
Invocación
Divino Niño Jesús, que para la salvación del mundo habéis querido nacer en un establo y acostaros en un pesebre sobre un poco de paja: tened piedad de mí.
María y José, rogad al Niño Jesús por mí.
Gloria al Padre…
Oh dulce Jesús, Verbo Eterno hecho carne, Os agradezco por haberos hecho nuestro. En el pesebre, Os entregasteis a residir en cada uno de Vuestros discípulos como un Maestro interior que explica Sus lecciones, las hace gustar y comunica la fuerza para practicarlas. Habéis bajado a la tierra para conversar con el hombre, para convertiros en su hermano y entregaros enteramente a él.
¿Qué puedo hacer, oh mi amoroso Niño, ante los excesos de Vuestro don? Quiero darme a mi vez y devolver amor por amor. Pongo mi voluntad en Vuestras manos ya que es el único obstáculo entre Vos y yo. No quiero que me hayáis llamado en vano. Aquí está mi corazón, mi cuerpo, mi alma, mi vida, mi muerte; Os lo traigo todo. Os lo ofrezco por las purísimas manos de Vuestra divina Madre, que es también la mía, por las de San José, Vuestro padre adoptivo y mi protector. Recibidlo todo, guardadlo todo, hasta el día de la eternidad en que ya no pueda perderos, sino que me alegraré eternamente de haberme entregado a Vos. Amén.
Invocación
Divino Niño Jesús, que para la salvación del mundo habéis querido nacer en un establo y acostaros en un pesebre sobre un poco de paja: tened piedad de mí.
María y José, rogad al Niño Jesús por mí.
Gloria al Padre…