No hay nada más natural para el hombre que amar, nada que cueste menos, nada que pueda hacerse más fácilmente. Los verdaderos objetos del amor son la bondad y la belleza, los dos encantos más poderosos del corazón humano. Dios es bondad infinita, belleza en esencia; Él es el centro y el abismo de toda bondad y belleza concebibles; no hay, pues, nada más digno del hombre, más dulce para su corazón, más conforme con su naturaleza que amar a Dios.
Oremos. – Oh Dios, que poseéis en grado infinito todo lo que es amable y perfecto, y que sois la perfección misma, destruid y arrancad de nuestros corazones todo sentimiento y afecto que sea contrario al amor que Os debemos; inflamadnos de un amor tan puro y ardiente que no amemos otra cosa que a Vos, en Vos y por Vos, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.