Si es importante conocer la voluntad de Dios, lo es sobre todo cuando se trata de algo más directamente relacionado con la salvación eterna, y particularmente aún en la elección de un estado de vida, elección que debe tener las consecuencias más felices o las más terribles. Dios, en las disposiciones de Su Providencia, une Sus gracias y bendiciones a ciertos estados, a ciertos trabajos, a ciertas empresas, y sólo las da en la medida en que abracemos los estados, tomemos los trabajos y hagamos las empresas a las que Él las ha unido. Si, pues, contra Su voluntad, emprendemos otros caminos por capricho o por pasión, no encontraremos esta ayuda y si no la encontramos, abandonados a nosotros mismos, ¿qué podemos esperar sino una serie de errores perpetuos, de preocupaciones letales y de desgracias inevitables para el tiempo y la eternidad? Nada, pues, es más necesario para el reposo de nuestra conciencia que conocer y seguir la voluntad de Dios.
Oremos – Señor, Dios todopoderoso, soberanamente bueno e infinitamente sabio, por el mérito de la perfecta sumisión con que Jesucristo, nuestro Salvador, aceptó el cáliz de Su Pasión, y María, Su divina Madre, así como José, Vuestro fiel servidor, fueron siempre obedientes a Vuestras ordenes; concedednos la gracia de cumplir en todo, y hasta el último momento de nuestra vida, Vuestra santísima, justísima y adorabilísima Voluntad, tal como se cumple en el Cielo. Amén.